Domingo, los doctores brillan por su ausencia, solo vino Gregorio, o sea el residente Paredes, así lo habíamos bautizado Meche, Liz y yo. La suerte que hoy no hay pinchazos, las obstetras que debían llegar cada dos horas a monitorearnos llegaban cada cuatro horas y las técnicas ni se asomaban, todos decían que todos estaba en sala de operaciones.
Yo dormí como pagada hasta que llegó la hora de almuerzo cuando me paré a lavarme, almorcé, comí mi fruta que todos los que me visitaban me llevaban, reposé y me levanté a arreglarme para recibir a mi visita que era mi mamá, papá y mi Carlitos. Cuando él llegaba, todo se me pasaba, el dolor, aburrimiento, todo, solo una mirada, un beso de él era como mi calmante, mi nifedipino para la presión, es que cuando estoy con él, es como si solo existiéramos los dos en un mundo distinto al que viviéramos, los dos hacemos que la vida sea distinta, nuestra vida llena de alegría, planes, futuro.
Arreglé un poco mis cosas para que mi mamá se las llevara a casa para que me trajera algo limpio, pijama, toalla, medias, otras cosas más, tenía una mochila que me acompaña siempre, una ploma que entra de todo y tiene varios bolsillos exteriores para guardar de todo y en orden, guardé y limpié mi mesa auxiliar, ya que estaba todo en desorden, mi cajón estaba malogrado y no abría, así que mis cosas estaban afuera o dentro de mi mochila.
Ese día, Liz se escapó del hospital, era el cumpleaños de su mamá que habia llegado de EE.UU., así que por nada se podía perder el almuerzo, ya habíamos visto una puerta que daba a los consultorios sin que la vigilante nos viera o se diera cuenta. En una bolsa, llevó su ropa para cambiarse en el baño público de los consultorios y salió como cualquiera del hospital y regresó a la hora que terminó la visita, vestida con bata que ya se habia cambiado en el mismo sitio. Ese día fue un chiste porque solo sabiamos eso Meche y yo, las otras chicas que estaban en el cuarto ni se daban cuenta.
Mi amiga Maribel tambien fue a visitarme, ella es una amiga que cuando llegué a Trujillo la conocí para la inauguración de la oficina donde trabajo y de ahí somos inseparables, cuando era soltera, los domingos salíamos a nuestro domingo familiar, las iba a recoger con su hija los domingos en la mañana y nos ibamos a pasear hasta que llegaba la noche y nos despediamos, es una buena persona y una buena madre aunque ella no lo sepa a veces, es una buena madre.
Yo dormí como pagada hasta que llegó la hora de almuerzo cuando me paré a lavarme, almorcé, comí mi fruta que todos los que me visitaban me llevaban, reposé y me levanté a arreglarme para recibir a mi visita que era mi mamá, papá y mi Carlitos. Cuando él llegaba, todo se me pasaba, el dolor, aburrimiento, todo, solo una mirada, un beso de él era como mi calmante, mi nifedipino para la presión, es que cuando estoy con él, es como si solo existiéramos los dos en un mundo distinto al que viviéramos, los dos hacemos que la vida sea distinta, nuestra vida llena de alegría, planes, futuro.
Arreglé un poco mis cosas para que mi mamá se las llevara a casa para que me trajera algo limpio, pijama, toalla, medias, otras cosas más, tenía una mochila que me acompaña siempre, una ploma que entra de todo y tiene varios bolsillos exteriores para guardar de todo y en orden, guardé y limpié mi mesa auxiliar, ya que estaba todo en desorden, mi cajón estaba malogrado y no abría, así que mis cosas estaban afuera o dentro de mi mochila.
Ese día, Liz se escapó del hospital, era el cumpleaños de su mamá que habia llegado de EE.UU., así que por nada se podía perder el almuerzo, ya habíamos visto una puerta que daba a los consultorios sin que la vigilante nos viera o se diera cuenta. En una bolsa, llevó su ropa para cambiarse en el baño público de los consultorios y salió como cualquiera del hospital y regresó a la hora que terminó la visita, vestida con bata que ya se habia cambiado en el mismo sitio. Ese día fue un chiste porque solo sabiamos eso Meche y yo, las otras chicas que estaban en el cuarto ni se daban cuenta.
Mi amiga Maribel tambien fue a visitarme, ella es una amiga que cuando llegué a Trujillo la conocí para la inauguración de la oficina donde trabajo y de ahí somos inseparables, cuando era soltera, los domingos salíamos a nuestro domingo familiar, las iba a recoger con su hija los domingos en la mañana y nos ibamos a pasear hasta que llegaba la noche y nos despediamos, es una buena persona y una buena madre aunque ella no lo sepa a veces, es una buena madre.
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