Todos mis días empezaban a las 4:00 a.m., con la llegada de los vampiros para sacarme sangre, a las 5:30 a.m. llegaba la obstetra a checar mi presión y monitorear a mi caballito, así le había puesto yo, porque era un caballito su corazón y se movía como nadie, las hacía padecer a las obstetras.
A las 6:00 a.m., llegaba una técnica para ver cuánto había orinado, me pesaba y se iba y a las 8:00 a.m. llegaba la chica de Silsa, ella se encargaba de limpiar, pero con su palo golpeaba mi cama, esta chica era una desgracia para la limpieza y era bien seria que a mí me daba miedo decirle algo, así que aguantaba todas las mañanas que limpie de una manera horrorosa el cuarto.
A las 6:00 a.m., llegaba una técnica para ver cuánto había orinado, me pesaba y se iba y a las 8:00 a.m. llegaba la chica de Silsa, ella se encargaba de limpiar, pero con su palo golpeaba mi cama, esta chica era una desgracia para la limpieza y era bien seria que a mí me daba miedo decirle algo, así que aguantaba todas las mañanas que limpie de una manera horrorosa el cuarto.
Le tocó el turno a Delia, la única obstetra con quien mi caballito no quiso hacerse escuchar, ella hasta se molestó y me dijo que esos aparatos no servían, así que ella lo escuchaba con el estetoscopio, yo me quedaba mortificada porque no lo escuchaba y solo me quedaba confiar en su palabra.
Cuando llegó la doctora Lidia, una obstetra muy buena, un ángel, me hablaba bonito y su trato era muy bueno, le conté que estaba preocupada porque no lo había escuchado a mi bebe, así que la doctora me dijo que me iba monitorear con la máquina con papelito, es una máquina donde ven los latidos del bebe y los míos, pero salen en un papelito como un electro y al cabo de 20 minutos estábamos más tranquilos, pues vimos que mi bebe, aparte de caballito era un travieso que quería hacernos sufrir un poco y bueno de paso hacerle trabajar a la doctora Lidia.
Cuando llegó la doctora Lidia, una obstetra muy buena, un ángel, me hablaba bonito y su trato era muy bueno, le conté que estaba preocupada porque no lo había escuchado a mi bebe, así que la doctora me dijo que me iba monitorear con la máquina con papelito, es una máquina donde ven los latidos del bebe y los míos, pero salen en un papelito como un electro y al cabo de 20 minutos estábamos más tranquilos, pues vimos que mi bebe, aparte de caballito era un travieso que quería hacernos sufrir un poco y bueno de paso hacerle trabajar a la doctora Lidia.
Para la tarde, llegó Pepe Lucho, así llamábamos al doctor Malca, conversamos un rato y me dijo que solo Dios sabía la suerte de mi bebe, había niños de 6 meses que llegan y se van a sus casas y había niños que llegaban y nunca salían, pero yo confiaba que todo estaba bien, me sentí segura que todos estaban pendientes de la llegada de mi bebe, no de mí, porque yo en este momento me sentía secundaria, yo no importaba, él era el importante, él era por el que todos estaban sacrificando su tiempo de estar pendientes de mi Armandito, de mi bendición.
Mi salud se está deteriorando, lo siento, y lo peor es que los doctores me lo afirman, ahora duermo media sentada porque el pecho se me cierra, siento que me ahogo, mi nariz tiene una especie de alergia y no puedo respirar, mi visión no es buena, está media borrosa, ya no veo el cartel de al fondo de una casa evangélica y mi presión no baja la mínima de 110.
Mi salud se está deteriorando, lo siento, y lo peor es que los doctores me lo afirman, ahora duermo media sentada porque el pecho se me cierra, siento que me ahogo, mi nariz tiene una especie de alergia y no puedo respirar, mi visión no es buena, está media borrosa, ya no veo el cartel de al fondo de una casa evangélica y mi presión no baja la mínima de 110.
El único consuelo que tengo para resistir todo es una patadita, un simple movimiento de mi Armandito, ese caballito que escucho siempre cuando lo monitorean y les hace la guerra a las obstetras de esconderse.
Ahora sé que ser madre es una tarea difícil, pero que uno es capaz de aguantar todos los dolores del mundo por su hijo.
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