miércoles, 1 de julio de 2009

La preeclampsia y yo: Mucha fe, pero malos médicos (6 de mayo)

24 semanas y 2 días. Me explicaron mejor lo de la preeclampsia, una enfermedad que ataca solo en los embarazos y la “afortunada” fui yo.

La preeclampsia se trata de un problema que ocurre cuando una está embarazada. La causa precisa todavía se desconoce. Existen muchas teorías que se basan en que las causas pueden estar relacionadas a factores genéticos, alimentarios, vasculares, neurológicos, etc. Pero ninguna ha llegado a confirmarse, se reconoce por la hipertensión arterial, aumento de peso y proteínas en la orina. Los síntomas son: dolor de cabeza, mareos, zumbido en los oídos, somnolencia, visión doble, ceguera de golpe, vómito de sangre, hinchazón excesiva de los pies, pequeñas cantidades de orina, sangre en la orina, latidos del corazón rápido, nausea excesiva, vómitos excesivos, fiebre, dolor en el abdomen.

Me dicen que con la preeclampsia mi bebé puede morir dentro de mí, si se me sube mucho la presión a mi bebé le podría causar la muerte, no es juego, no es broma, no es algo sencillo, es algo malo, peligroso tanto para mi bebé como para mí, tengo que estar reposo, comer poca sal, poco líquido, nada de grasa. Pienso: ¿por qué a mí?, ¿por qué no puedo llevar un embarazo tranquilo? Y, como siempre, no hay respuesta, sólo debo tener confianza y la tengo, tengo tanta “FE” que ahora me pongo a recordar y me pregunto ¿qué es la fe? Porque hasta el último segundo de toda esta pesadilla tenía tanta fe que yo saldría de ese hospital con mi bebé y mi esposo directamente a mi casa, pero no fue así.

El Dr. Huatuco me pide que debo de hospitalizarme, ya que mi presión está muy alta, al día siguiente me voy al Hospital Lazarte Echegaray, en Rázuri, y hablo con el Dr. Catalán y me dice que no es necesario y solo me pasa interconsultas con oftalmología, endocrinología, cardiología y que cuando estén listos todos los informes de las especialidades que regrese a verlo para ver si es necesario internarme o no.

Ese día salí molesta del consultorio, estaba cansada de estar de doctor en doctor, de escuchar y no hacer nada. Lamentablemente, en mi embarazo conocí a cada doctor malo, inhumano, que solo lucran con las enfermedades de los pacientes.

Recuerdo que un día fui al Seguro de Albrecht, por emergencia, ya que me dolía el ombligo y me atendió la doctora Vizcarra, una doctora muy buena, me envió a hacerme unos análisis para descartar cualquier cosa y debía regresar con los resultados. Cuando regresé en la tarde ya con los resultados me tocó con el doctor Goicochea, un animal, pues mejor calificativo no lo hay. Me hizo sentir tan mal y salí de allí sin nada, no me recetó nada y lo único que escuché fueron idioteces: “Paras estresada, tensa, tu hijo se va morir si sigues igual, deja de celar a tu esposo, déjalo tranquilo, para que te voy a dar medicina para que tu hijo salga retardado”. Esas palabras son de un doctor que atiende a pacientes en emergencia y lo peor de todo me atendió a mí, una mujer embarazada y aún no sabía que sufría de presión alta porque nunca me dijeron nada, ese hombre pudo causar que mi presión arterial se altere.

Ya en la noche, en la tranquilidad de mi hogar, junto a mi esposo, quien me da ánimos para salir adelante siempre, conversamos en que todo saldría bien y soñamos con todo lo que íbamos a vivir con el gordo bebé, en los sitios que visitaríamos y nuestras mentes empezaron a soñar.

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