miércoles, 1 de julio de 2009

La preeclampsia y yo: El doctor Huatuco y el alto riesgo (24 de abril)

22 semanas de embarazo, son las 8:00pm, salimos de ver al Dr. Huatuco, en la clínica Cáceda, en la calle Almagro de Trujillo. Estamos mudos, aún no sabemos qué hacer ni qué decir exactamente, solo escuchamos: embarazo de alto riesgo.

Me recomendaron al Dr. Huatuco y así como me lo describieron era, me sentía muy bien con él, una persona con una calidad humana extraordinaria, muy delicado y se notaba que sabía su tema, es una persona muy sincera y me dijo la verdad. Se tomó 30 minutos sólo para ver el sexo del gordo bebé, yo sabía que era hombre, si me preguntan ¿cómo? No hay respuesta, solo sabía que dentro de mí crecía mi gordo, pero el doctor me lo confirmó. Al principio, no se dejaba, pero ya al último se dejó ver, claro después que el doctor me hiciera sentar y ponerme de costado.

Salimos y caminamos hacia el carro que estaba en la cochera y siento que mi vida se desmorona. No puedo llorar, no puedo llorar, no puedo llorar, eso es lo único que me repito para estar fuerte para él, para mi mundo, para mi vida, para mi esposo que me da ánimo, pero también que se nota en su cara preocupación, no me puede engañar, nos conocemos tanto que no nos podemos engañar, solo nos apoyamos mutuamente y eso hace que nos amemos más, sólo escucho que me dice: vamos a estar bien, sólo tienes que cuidarte, yo te cuidaré y todo va a salir bien.

Ya es tarde, pero igual nos vamos a Caracoleando (San Andrés), a nuestra estimulación para el gordo, entramos y todos estaban en la parte final, donde los padres se arrodillaban y abrazaban y le cantaban a la barriga o sea al bebé, y no pude más, derramé una lágrima de tantas que iba a derramar más adelante. La suerte que nadie se dio cuenta, para mí esa lagrima fue un desfogue, un alivio, una sensación de libertad, pongo la mejor cara para despedirme, algunas dirán “qué fuerte”. Yo pienso que no es que sea fuerte sino que soy de las personas que no le gustan que me vean llorar, nadie tiene que saber de tus problemas o hacerte tener lástima, problemas, dificultades van a existir hasta el último día de tu vida. Eso depende de ti, en cómo manejes tus emociones. Un día me dijo mi tío Elmo, hermano de mi papá Benjamín: “Si en la vida no existiera problemas, esto no sería vida y sería todo tan aburrido”.

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